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domingo, marzo 31

"IRE A RENOVAR VÍNCULOS" LE CLEZIO, UN PREMIO NOBEL QUE PASÓ POR URABÁ


 TOMADO ELESPECTADOR.COM, 31 DE MARZO DE 2013

El gran invitado de la Feria del Libro de Bogotá 2013

"Iré a renovar vínculos"

En entrevista con El Espectador, el Nobel de Literatura 2008, Jean Marie Gustave Le Clézio, reconstruye su travesía desde Panamá hasta Medellín junto a un brujo.



Prefirió responder el cuestionario por escrito y sin ayuda de asistente o traductor porque quería practicar español, recordar el que aprendió primero en México y luego en Panamá y Colombia, aunque llegó a dominar más lenguas indígenas que castellano. Después, con la misma naturalidad, respondió contrapreguntas y se mostró ansioso por regresar al país de su desaparecido amigo Gerente Peña, un “príncipe del bosque” que incluyó en dos de sus libros, uno de los sabios indígenas del cuerpo y del alma que le cambiaron la vida.
Maestro, ¿qué significa para usted volver a Colombia 43 años después? Para mí el encuentro en la Feria del Libro de Bogotá es una ocasión magnífica de renovar los vínculos que yo siempre he tenido con la literatura y la cultura de este país. En general, América Latina favorece al pensamiento y a las artes, no sólo porque son naciones donde nació verdaderamente el arte popular, sino donde se inventó una conexión profunda entre el pueblo y los intelectuales. Hace dos años estuve en la Feria del Libro de Guadalajara y fueron momentos conmovedores de intercambio y de reflexión sobre el tema del mestizaje. Y el último mes de julio estuve en la Feria de Xalapa, también en México, y me impresionó la participación de la población en los encuentros. Por eso creo que la Feria de Bogotá tendrá el mismo objetivo.
Aquí sobrevive un centenar de culturas indígenas, 60 en peligro de extinción, entre ellas los emberas y los wounaan que usted conoció en la frontera con Panamá. ¿De qué sirvieron obras suyas como ‘Haï’, donde está su percepción de Colombia?Permanecí tres años en la selva del Tapón del Darién y el encuentro con los emberas y los wounaan fue un momento decisivo en mi vida, una experiencia a la vez espiritual y física que me cambió radicalmente.
{En Lecturas secretas —Ediciones Testimonio. 2002—, el literato Édgar Bastidas Urresty escribió un ensayo sobre cómo Le Clézio llegó a trabajar al Instituto de Estudios de América Latina con sede en México, entre 1970 y 1974, e investigó sobre la historia y la cultura aztecas y mayas, siguiendo los pasos de los poetas Antonin Arthaud y Henri Michaux. Desde allí hizo contacto con los indígenas en Panamá y Colombia que inspiraron su libro La fiesta cantada y otros ensayos de tema amerindio —1997—. “Le Clézio cuenta que cada año los visitó durante 6 a 8 meses en la época de lluvias, cuando los ríos crecen y permiten viajar en las piraguas. Esta comunidad le enseñó su lengua, ‘una lengua elemental, una explicación sumaria de su propia cultura. Aprendí una nueva manera de ver, de sentir, de hablar’. Aprendió que ‘se debe marchar en silencio en la selva, sin pararse, ni sentarse, los sentidos despiertos’. A reconocer los árboles y sus usos”. Escribió: “Las noches eran magníficas, llenas de ruidos. Las mujeres cantaban, rimando la mano sobre sus collares, cantaban la historia de Hinupoto que antaño espiaba las muchachas y robaba la sangre de sus menstruos, la historia del pájaro carpintero que robó el fuego al caimán o del gran árbol Cuippo que, cayendo sobre la tierra, dio el agua a los hombres, cuando sus raíces se convirtieron en fuentes y sus ramas en los ríos que corren al mar”. Descubrió “la inteligencia del universo, su evidencia, su sensibilidad. La relación estrecha que une los seres humanos no solamente con el mundo que los rodea, sino también al mundo invisible, a los sueños, al origen de la creación”}.En ‘Haï’ evoca al indígena colombiano Gerente Peña, de quien oí hablar por primera vez en un encuentro en Quibdó (2009), donde la Legión del Afecto y la ONU reunieron a los maestros que enseñan en medio de la selva chocoana, y fue citado como uno de quienes honran la milenaria cultura de la tradición oral. ¿Cuánto influyó en usted y qué recuerda de él?
Recuerdo ahora el retrato del brujo Gerente Peña que aparece en mi libro de la editorial Skira. Me gustaría enviárselo, pero las fotos de esa época todas desaparecieron (el propio Le Clézio las tomaba con una cámara Leica de fuelle). Lo siento. Fue él quien me preguntó si lo acompañaría en su travesía por la selva. Él iba desde Panamá a Colombia para estudiar más plantas medicinales y para ver a su familia, porque provenía del Baudó (Chocó). Era, puesto que creo que ha muerto desde aquel tiempo, un gran médico y un hombre muy inteligente, con mucho carisma.{Con distintas fuentes de la etnia embera-wounaan pregunté por él. También a investigadores de la Universidad de Antioquia. Todos lo reconocen como uno de los sabios mayores, pero no saben dónde vive o si murió. Quien más averiguó en Semana Santa sobre Gerente Peña fue Alberto Áchito, líder embera de Juradó, Chocó, y la versión más creíble que me contó por teléfono celular es que el brujo regresó a Panamá, desplazado por la violencia de las Farc contra su comunidad. La mitad de los 6.500 indígenas, protegidos por la Corte Constitucional pero no por el Estado, todavía habita las riberas del alto San Juan y a 2013 siguen clamando respeto de la guerrilla y ahora de Los Urabeños en el bajo San Juan, litoral pacífico cercano a Buenaventura}.
¿Cómo fue ese largo viaje con Gerente?
Fue una experiencia fuerte, atravesando el Tapón del Darién y después en piragua a través de los pantanos hasta Riosucio y el Atrato; después en camión de pasajeros por las serranías hasta Medellín y por el Páramo de las Letras hasta inmediaciones de Buenaventura. A lo largo del camino, Gerente Peña daba consultas a los enfermos del cuerpo y del alma. Pero no soy un escritor viajero, no me aventuraré a contar todo tan menudo. ¡Lástima!
{Más detalles están en los libros indígenas de Le Clézio, según el profesor Bastidas Urresty: cuenta que conoció a Gerente Peña “como amigo, campesino, agricultor, cuentista, médico, brujo, que canta para cuidar un enfermo, canta melopeas para agradar los espíritus que son injustos y ligeros como los hombres: ‘Plata americana, plata colombiana...’. Peña habla de su maestro en el río San Juan, en Colombia, a quien le aprendió todos sus secretos. Le Clézio volvió a ver a Gerente Peña en Medellín, vestido de harapos, ‘magnífico como un príncipe del bosque. Las gentes de la ciudad, los turistas de Bogotá se detenían, le tomaban fotos’ ante su indiferencia. Es uno de los más hermosos recuerdos de su paso por Colombia”}.
¿Un punto de quiebre para su escritura?Escribí poco después un librito llamado Le pays d'Iwa, sobre el poder de la adivinanza por el Datura stramonium, en embera iwa. Al final, nunca se publicó.
{Se refiere a un suceso “traumático importante” para el escritor francés, según Bastidas Urresty: haber participado en la fiesta indígena Beka, precedida de la ceremonia Tahusa, en la que el adivino-brujo Iwa Tobari lo dejó bajo los efectos del datura, un alucinógeno selvático. “Visitó la casa del adivino Colombia, el más notable de los emberas, situada cerca del río Chico, uno de los afluentes del Chucunaque. Una tarde el adivino le dio el primer brebaje de datura en una pequeña calabaza, sin sobrepasar la medida para no exponerse a la locura, y repitió la dosis en los dos días siguientes. Al cuarto día empezó a sentir los primeros efectos de la bebida: caminó titubeando hasta el río. En la noche tuvo fiebre alta, signos de agresividad, sueños, pesadillas y alucinaciones: vio un árbol lleno de ojos, un gigante con taparrabo azul que lo miraba; en la otra orilla la casa de la araña, la aldea de los espíritus. Al despertar le contó a Colombia lo sucedido en el trance sin lograr perturbarlo, pues siempre estuvo a su lado y cuando comenzó el trastorno le dio agua en jugo de caña”. El árbol datura blanco “habla a los que beben el jugo de sus hojas, que los árboles tienen ojos que nos observan, y que del otro lado del río, delante de las casas de los hombres, los espíritus tienen sus aldeas y atraviesan el agua cada noche danzando como si fueran llamas”. Bastidas ratifica: “el descubrimiento de los emberas cambió la vida de Le Clézio, sus ideas sobre el mundo y sobre el arte, su comportamiento con los otros, su forma de caminar, de amar, de dormir y hasta sus sueños”}.
¿Qué hacer para proteger estas etnias y hábitats biodiversos como la Amazonia, amenazados por narcos y mineros?
El peligro mayor para las poblaciones indígenas, en Panamá, en Colombia y otras partes del continente, está en la confrontación violenta con la explotación minera y el narcotráfico. Una cierta autonomía de estas poblaciones, con el beneficio de comarcas definidas ayudaría mucho, pero hay que insistir en el hecho de que estos pueblos necesitan tomar su porvenir en sus manos y participar de la democracia. El acceso a la enseñanza plurilingual es capital, lo que significa la posibilidad de enseñar las lenguas indígenas en las escuelas al nivel nacional también. Es una experiencia que dio buenos resultados en Ecuador y Bolivia.
¿Piensa en otra cruzada ecológica como aquella contra Mitsubishi en México para salvar la laguna salada de las ballenas grises, registrada en esa prosa poética de ‘Pavana’ (1992) a través de la historia del cazador arrepentido? ¿Una en Colombia?
Siempre me preocupa el tema de la ecología, puesto que creo que está conectado con la valoración de las culturas tradicionales. Siendo escritor, mi acción se encuentra más en los temas de mi literatura, pero cuando se necesita, participo en las luchas ecológicas, con el Grupo de los Cien en México (con su amigo poeta Homero Aritjis, quien hoy publica en El Espectador un texto sobre su amigo Nobel y otro a cuatro manos) o a través de Survival Internacional. Hace tres años participé de la acción del grupo de la Nación Originaria Innu de Canadá contra la construcción de la represa hidroeléctrica en el río La Romaine por la compañía Hydro-Québec. Estoy dispuesto, desde luego, a apoyar la acción de las organizaciones ecológicas en Colombia, especialmente en la región amazónica.
Ese perfil de “explorador” que le dio la academia sueca, esa relación entre viaje y escritura, ¿sigue siendo base de su obra?
Explorador para mí es una burla. Gran parte de mis escritos proviene de mis lecturas, especialmente de la niñez, porque tuve la suerte de viajar en la literatura universal en la biblioteca de mi abuelo, desde obras mayores como el Lazarillo de Tormes o el Quijote, hasta la literatura moderna inglesa, y una enciclopedia mágica del siglo XIX: Diccionario de la conversación (15 tomos que memorizaba por partes).
Entonces la palabra puede ser nómada. ¿Cómo define después de medio siglo de viajes su identidad racial y cultural?
Ya no viajo mucho: cambio de residencias. Por mi familia paterna y materna soy mauriciano, de esta pequeña isla totalmente mestiza (ver El Africano). Por mi educación soy francés. Y por el lado de mi esposa, estoy vinculado a las culturas nómadas del desierto, la antigua colonia del Río de Oro en el Sahara occidental (ver Desierto). Esta ambigüedad es una ventaja para entender el mundo.
La revista ‘Lire’ lo escogió como uno de los más grandes escritores de la lengua francesa. ¿En dónde ubica hoy su obra frente a clásicos como Rabelais, Proust, Flaubert y referentes más recientes y cercanos a usted como Perec?
Perdón, no tengo respuesta para ésta.Cinco de sus libros abordan la historia de México hasta el siglo XX. ¿Cómo analiza el presente mexicano marcado por corrupción y violencia narco?
México es un país magnífico, con una historia mágica, tanto en el pasado indígena como en la lucha contra la tiranía y el imperialismo. Por mucho tiempo fue un faro alumbrando a toda América. Ahora atraviesa una crisis terrible, pero tengo confianza en su capacidad de superar esta criminalidad.
¿Ve conexiones históricas entre México y Colombia que deban ser estudiadas para entender el porqué de tanta violencia?
Cuando tenía 30 años viajé entre Panamá y Colombia, en compañía de aquél curandero wounaan, a través de la selva hasta Quibdó y Medellín, sin encontrar ningún peligro. En México viajé a menudo por el norte, cruzando la frontera. Todo esto hoy día parece difícil. Parte de la culpa la tiene el vecino del norte, que es el consumidor de las drogas y el proveedor de las armas, pero también los gobiernos de los países del sur que dejaron progresar esta violencia. No creo que haya una fatalidad de la violencia y las raíces del mal no son históricas. Mejor dicho: los países del sur son las primeras víctimas de una corrupción de característica transnacional y las soluciones no pueden ser encontradas en un solo lugar, sino que han de ser asunto primordial de todas las naciones del mundo, objetivo que debe tener precedencia sobre el surrealista y enloquecido esfuerzo para el armamento nuclear, entre otros desperdicios militares.
Según entrevistas a usted —como su reveladora charla con Gérard de Constanze publicada por el ‘Magazine Littéraire’—, coincidimos en el gusto por Flannery O’Connor. Tengo a la mano el ensayo ‘El arte del cuento’, donde explica por qué “la ficción opera a través de los sentidos” y advierte que el escritor “no debe olvidar o resignar ninguna de las posturas morales” que le dictan sus convicciones. Encuentro coincidencias suyas con ella porque su literatura es en primer lugar de acumulación de imágenes más que de situaciones, aunque difieren en cuanto a que usted profundiza la vivencia a la hora de narrar mientras en ella la transformación del personaje y la significación operan más desde el distanciamiento. ¿Qué opina?
Tengo en mi mente la definición de Flannery O’Connor que afirma que todo lo que escribió fue una acumulación de imágenes, sensaciones y sentidos recolectados durante los 15 primeros años de su vida. No comparto su pesimismo, pero creo también que el papel del escritor está en la reconstrucción de estos años de formación, cuando aparecen, a pesar del egoísmo y de la violencia de la juventud, sus primeras inquietudes morales.
Precisamente sus críticos dicen —recuerdo ahora un buen ensayo, duro con su obra, del mexicano Rafael Lemus en ‘Letras Libres’— que las novelas de su madurez son demasiado “buenas” para lo mal que está el mundo y que a veces se exceden en sentimentales, románticas, sensuales, morales, líricas. ¿Qué opina de eso y de que lo contrapongan a autores “pesimistas y oscuros” como Coetzee?
No sé, es cuestión de apreciación individual. Estoy perfectamente consciente de que mi visión del mundo pueda parecer simplista. Creo que mi vida con los emberas fue ¡una vacuna contra el pesimismo!
¿Qué escritores colombianos ha leído y cuál es su opinión de García Márquez?
En México encontré a Álvaro Mutis y fue él quien me inició en la lectura de los dos escritores mayores de América Latina, que son Juan Rulfo, por su Pedro Páramo, y García Márquez, la versión colombiana de Rulfo.
Son evidentes su alma y su interés visceral por África (‘Onitsha’, ‘El pez dorado’, ‘El buscador de oro’, ‘Viaje a Rodrigues’, etc.), así como su relación conflictiva con Europa. No puedo dejar de preguntarle por la invasión de Francia a Malí, movida por intereses económicos coloniales.
No comparto el entusiasmo de la clase política francesa para esta intervención. Siempre me preocupa cuando un ejército potente con armas modernas invade a un país pobre, cuyas fronteras han sido trocadas artificialmente por la colonia.
A propósito del colonialismo francés, hace seis años usted firmó junto a otros intelectuales el manifiesto “Pour une littérature-monde en français”. ¿De qué sirvió en el plano político y literario francófono?
Fue un apoyo al gran poeta Édouard Glissant. No me enteré de sus consecuencias, particularmente en cuanto a la autonomía de las Antillas francesas y de la Guyana. Me imagino que fue una lágrima en el océano narcisista de la literatura francesa contemporánea.
Desde ‘El proceso verbal’ y ‘El diluvio’, influenciado por el norteamericano J. D. Salinger, usted empezó a ser reconocido como representante de la novela experimental y luego de su vivencia indígena parece haberse establecido en una línea más tradicional. Ahora que se cumplen 50 años de la publicación en Francia de una obra emblemática como ‘Rayuela’, de Cortázar, ¿cómo ser innovador en la novela del siglo XXI?
Lo bueno de nuestros tiempos modernos es que gracias a la novela hemos recurrido a todas las arcanas de la expresión literaria, desde el libro absoluto como de Joyce, hasta la así llamada autonovela en Francia y América Latina, pasando por la literatura comprometida y la novela experimental, como Cortázar o Alain Robbe-Grillet (gran influencia de Le Clézio a través del movimiento de la “nueva novela”, más metafísica que carnal). Así, estamos de nuevo vírgenes, con toda libertad para expresar la individualidad, inventar nuevas palabras y, según el mejor cumplido que me hizo la academia, nuevas partidas.
La vida pasa y novelistas consumados como Philip Roth acaban de anunciar su renuncia al oficio porque ya escribieron lo que tenían por decir. Después de 50 libros, entre novelas, cuentos y ensayos, ¿qué cree que le falta narrar?
¡Me falta tiempo! Gracias por sus preguntas. ¡Será un placer que nos encontremos en Bogotá! Atentamente suyo, J. M. G. Le Clézio.
Por: Nelson Fredy Padilla

lunes, febrero 25

LA RESTITUCIÓN: UNA NUEVA FACETA DEL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO


23 febrero 2013

Restitución: el nuevo conflicto



ORDEN PÚBLICOCon casi 700 reclamantes de tierras amenazados en un año, el proceso de restitución puede ser el nuevo motivo del conflicto en las zonas agrarias.


Restitución: el nuevo conflicto. Manuel Ruiz, líder de un proceso de restitución colectiva en el Chocó fue uno de los dos  líderes asesinados en 2012. Lo mataron junto a su hijo.
Autor: Archivo particular
Manuel Ruiz, líder de un proceso de restitución colectiva en el Chocó fue uno de los dos líderes asesinados en 2012. Lo mataron junto a su hijo.
Una alarma silenciosa se extiende por Colombia. A un año escaso de iniciado el proceso de restitución de tierras, hay 683 reclamantes de tierras amenazados. La cifra es verdaderamente alarmante. Hasta ahora, apenas se ha emitido una docena de sentencias que devuelven a sus dueños las fincas despojadas por la violencia. ¿Qué puede pasar en los próximos meses, cuando los jueces de restitución van a producir cientos de fallos más?

En este caso, el Estado ha respondido. Los asesinatos, en marzo pasado, de Manuel Ruiz y su hijo Samir, que reclamaban tierras colectivas en Chocó; y de Jairo Mejía, líder del Carmen de Bolívar, en junio, cerca de Montería, encendieron las alarmas. La Unidad Nacional de Protección (UNP), encargada de proveer seguridad a personas en riesgo, tomó decisiones extraordinarias. Mediante un procedimiento de emergencia ha cobijado con medidas de protección, aun antes de hacerles el estudio de riesgo, a 425 líderes y participantes del proceso de restitución de tierras. 

“En 2012 no nos han matado a nadie”, afirma el director de la UNP, Andrés Villamizar. “Basta con que una entidad en el terreno nos ponga por escrito un riesgo inminente (para un reclamante) y se le ponen medidas.”

Si bien la protección parece estar funcionando, la magnitud del recurso a las amenazas de todo tipo para frenar los procesos de restitución es tal, que la UNP calcula que para finales de 2013 tendrá 1.000 participantes de procesos de restitución bajo su cuidado, dos veces y media los que tiene hoy. Solo en lo que va de este año se han entregado medidas de protección a 50 reclamantes más. Panfletos y sufragios, algunos firmados por el Comando Central Antirrestitución, visitas amenazantes a las casas, mensajes de texto y recados vienen en aumento en varias de las regiones que la Unidad de Tierras ha priorizado para adelantar la restitución.

Pese a la prelación que se ha dado a atender a los reclamantes de tierras en riesgo, hay quejas por casos de lentitud en las medidas y dudas de hasta dónde son efectivas para proteger a personas que viven en zonas rurales apartadas y entornos donde un celular, un chaleco blindado y hasta una escolta armada no son a menudo las fórmulas más adecuadas.

SEMANA estuvo en el Cesar y pudo constatar allí la gravedad del problema. En muchos de los procesos de restitución en curso hay amenazados. Líderes con los que habló esta revista afirman que, además, son muchos los que han desistido de reclamar sus tierras por miedo.

Justo cuando salía la primera sentencia para devolver tierras despojadas en el departamento, en el predio El Toco,  uno de los líderes del proceso, Miguel Antonio Ricardo Serna debió huir del municipio de Codazzi por amenazas. “Aquí hay una cantidad de gente que estamos en el mismo problema”, dijo Pompilio Herrera, participante del proceso para recuperar el predio Mechoacán, en La Jagua de Ibirico. José Luis Peralta, que lidera a desplazados del poblado de Minas de Iracal, en Pueblo Bello, está amenazado, como lo está Sifredy Culma, desplazado de la finca Santa Fe, en Becerril, y muchos más.
En total, 51 reclamantes del Cesar están en la mira. A 44 se les pusieron medidas de protección. La mayoría de aquellos con los que habló SEMANA tiene un nivel de riesgo evaluado como extraordinario. La Defensoría del Pueblo local y otras organizaciones humanitarias han promovido tres reuniones de los reclamantes amenazados, la última de ellas, la semana pasada.

Muchos se quejan de lentitud en la implementación de las medidas de la UNP para protegerlos, de que les entregan vehículos con problemas mecánicos o avanteles en zonas sin cobertura y de que los pagos para auxilio de transporte se tardan mucho tiempo. La Defensoría, incluso, ofició a la Procuraduría, exponiendo estos problemas. En Bogotá, en la UNP aceptan que  esos líos se presentan, pero señalan que los reclamantes de tierras tienen una atención prioritaria e insisten en que la protección ha funcionado.

El Cesar es emblemático. Con 2.600 solicitudes para restituir 170.000 hectáreas de tierras, casi todas despojadas por los paramilitares del Bloque Norte de Jorge 40, el departamento es un crisol de los problemas que enfrenta la restitución. Aunque los paras se desmovilizaron, los mandos medios siguen activos y muchos terratenientes y políticos que los apoyaron conservan su influencia y su poder. Estos sectores y grupos sucesores de los paramilitares, como los Rastrojos, no solo estarían tras las amenazas sino que orquestan campañas para señalar como guerrilleros a los reclamantes de tierras o, en algunos casos, para montarles procesos judiciales que los hagan desistir.

El cuadro del Cesar dista de ser el único. Hace poco, siete congresistas estadounidenses le enviaron una carta al presidente Santos en la que manifestaban su preocupación por el crecimiento de las amenazas contra líderes del proceso de restitución de territorios colectivos en Curvaradó y Jiguamiandó, en Chocó, y contra la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, que los acompaña, diciendo que 45 personas están amenazadas (allí mataron a Manuel Ruiz y su hijo). Antioquia, donde 75 reclamantes tienen medidas de protección, Chocó, con 65, y Bolívar, con 49 encabezan la lista de los departamentos donde hay más líderes de tierras en riesgo.

Allí y en otras regiones, el patrón del Cesar se reproduce. El sustrato político y social que respaldó al fenómeno paramilitar nunca se afectó de manera irreversible y ahora asoma la cabeza, en entornos en los que nuevos y viejos grupos armados están dispuestos a proveer la ‘mano de obra’ para atacar la restitución y en los que la institucionalidad local es débil para defenderla. El ambicioso proyecto de restitución de tierras del gobierno enfrenta el gigantesco desafío no solo de proteger a sus participantes, sino de prevenir los ataques contra ellos y de investigar las amenazas en su contra. Más allá de los esfuerzos que se están haciendo en protección, estos son dos de los flancos débiles en la política oficial para lidiar con un reto que puede incendiar el campo colombiano si no se toman medidas de fondo.

lunes, abril 16

COLOMBIA: SELVA, CULTIVOS PARA FINES ILICITOS Y REORDENAMIENTO TERRITORIAL: ¿REVERSAR El DESARROLLO HACIA ADENTRO?



                  Por Milton Rengifo H.

 Nota del editor:   Este articulo fue escrito hace ya varios años por el citado autor,  y publicado en una pagina  web ambientalista, pero hoy lo transcribimos por su vigencia, que cobra mayor trascendencia en la epoca de las grandes "locomotoras" tan anunciadas por el gobierno nacional, que tendrán gran efecto ( nada positivo) en nuestros  mares, rios y bosques.  Vale la pena leerlo y repensarlo de acuerdo con las circunstancias actuales. ("locomotoras", TLC´s, ley de tierras, debate sobre despenalización, etc.)

El manejo de la selva tropical ha dejado de ser el campo de reflexión de especialistas, 
un tanto exóticos, para convertirse en tema de discusión política.
 
(Myriam Jimeno S., en "La Selva humanizada")
La complejidad asociada al problema del narcotráfico hace que las ramas no dejen ver el follaje. En efecto, la conjunción de factores como el desplazamiento violento, la fumigación química, la deforestación, la praderización, el desarrollo alternativo, la financiación de grupos armados, entre otros, hace olvidar las causas estructurales de un fenómeno que junto a otros hunde sus raíces en la misma construcción histórica del país. El discurso dominante apela a "satanizar" a los "cultivos ilícitos" y considerarlo como el único y gran responsable de la crisis política y social as! como del incremento de la guerra interna y el narcotráfico. Discurso nada más alejado de la realidad.
Por su parte, grandes sectores sociales y políticos distintos al bipartidismo, reclaman con urgencia un proceso de ordenamiento territorial del país que tenga en cuenta realidades por mucho tiempo ocultas y desconocidas por la élite, entre ellas, la diversidad regional y cultural de la nación, una nueva gestión de lo público, la necesidad de la descentralización política y económica y el uso y destinación de los suelos urbanos y rurales. Para el maestro Antonio García N., "en una geografía de grandes espacios - dos litorales oceánicos, la cordillera andina, los llanos orientales y la hilea amazónica- la historia de la sociedad colombiana se ha reducido a un limitadísimo archipiélago de grandes comarcas, valles y altiplanos"(1) lo que explica "el que Colombia sea un país de geografía fundamentalmente marítima - emplazada sobre los dos océanos que circundan a la América Latina y la relacionan con el mundo- pero cuya historia se recluye en los corredores y macizos andinos de tierra adentro".(2)
La industria nacional, por ejemplo, ha estado orientada al mercado interno, lejos de las costas donde el país posee ventajas comparativas por concepto de costos de transporte y localizada en ciudades como Bogotá(3), generadora hoy casi el 25% del PIB nacional y donde empiezan a asomarse inquietudes ambientales, tanto respecto del agua que aquí se consume como de la acelerada urbanización de una de las mejores tierras cultivables del país, la Sabana de Bogotá.
En medio de la guerra que padecemos, es obligatorio adelantar propuestas de solución, entre ellas, algunas destinadas a enfrentar el problema de los cultivos para fines ilícitos. Una visión ambiental debe abarcar todas las variables y expresiones de la cultura, entre ellas, la política y la economía, y sus efectos sobre la naturaleza. Retornando de nuevo a Antonio García, "las visiones planas y sin perspectiva del universo físico en que se desenvuelve, desarticulada y confusa la nación Colombiana" debe dar paso a otras verdaderamente democratizadoras y generadores de paz en nuestra sociedad.
Es cada vez mas aceptado que la proliferación de los cultivos ilícitos en zonas de colonización se debe, entre otras muchas causas, a la paulatina y progresiva expulsión de miles de campesinos del centro hacia zonas alejadas del país. Tal como se ha dicho, antes de los cultivos estuvo presente el problema de la tierra.(4) "En la distribución de la tierra, podría decirse, está el origen de los sangrientos conflictos políticos y sociales que han marcado la historia del país en este siglo. Para poseerla se han hecho leyes, se han declarado guerras, se ha perdido la vida. Ha sido más importante incluso el hecho de tenerla que ponerla a producir."(5) En la última década habría que agregar a esta irracionalidad, la implementación de políticas económicas sectoriales que han arrasado con cultivos y disparado a niveles no conocidos el desempleo en campos y ciudades.(6)
La diáspora interna, representada por miles de campesinos abandonando ciudades, laderas y valles interandinos significó el comienzo de la incuestionable tragedia ambiental de nuestras zonas de colonización, hoy escenario principal de la confrontación social y armada. "La colonización se convierte en un mecanismo de desplazamiento permanente que a la vez que reproduce la pobreza, aumenta el desempleo y genera el latifundio, destruye la selva. Este conjunto de factores explica dos fenómenos que se afianzaron en las zonas de colonización: las guerrillas y los cultivos ilícitos.(7) Para 1995, se calculaba en 110 mil hectáreas el área total del país dedicada a cultivos para fines ilícitos, 83.6 mil de las cuales para coca, 6 mil para amapola y 20 mil para marihuana.(8)
El papel del Estado colombiano en este proceso no ha estado exento de criticas. Desde 1992 se planteaba: "... sin duda los grandes narcotraficantes son brutales depredadores del ambiente con la tala de selvas, bosques y montes que realizan y la degradación de las aguas que impulsan por medio de contaminantes. Sin embargo, el gobierno no puede estimular, aun más, esta práctica con la imposición de su política punitiva, que sólo motiva un traslado físico y un movimiento geográfico del cultivo. Su responsabilidad es contener y disminuir el costo ecológico y ciudadano de las drogas, buscando evitar la perversa lógica de incrementar -mediante sus acciones- la expansión territorial y mercantil de esta problemática.(9)
Estos desplazamientos sin duda se pueden repetir en zonas del territorio nacional con presencia de cultivos para fines ilícitos, (Macizo Colombiano, Cordillera Central, sur de Bolívar y Catatumbo), a partir del desarrollo del componente militar del anunciado Plan Colombia, estrategia que pretende reducir al 50% la oferta de narcóticos en un plazo de seis años.(10)
Ante la magnitud del asunto, se han ensayado diversas alternativas, dentro de la cual se destacan el PLANTE, programa oficial para la sustitución de cultivos ilícitos. El PLANTE se enmarca dentro de la estrategia de erradicación de cultivos ilícitos en zonas de colonización y contempla, entre otros, la siembra de cultivos como el caucho, la palma africana, cacao, caña de azúcar y cultivos de origen amazónico, la cría de ganado, entre otros.
Tal propuesta ha recibido fuertes criticas, sobre todo por desconocer la composición del suelo amazónico, no indicado para cultivos tradicionales y por utilizar técnicas de cultivos propias de la Revolución Verde (agroquímicos). Para algunos especialistas, "los programas de desarrollo alternativo se han caracterizado por el esbozo de propósitos de corto plazo imposibles de cumplir, por una excesiva improvisación en su diseño y ejecución, la atomización y bajo impacto de los proyectos", además de -y sería lo más grave- "degradar al desarrollo alternativo a la condición de subsidio complementario de las acciones de erradicación forzosa".(11)
Los defensores de la política de erradicación forzosa argumentan que los procesos de colonización son una construcción social compleja grande y difícil de desconocer y desmontar. Otros contra argumentan que si bien es una construcción social, no quiere decir que haya sido la mas afortunada e indicada.
Por su parte, la erradicación forzosa, apoyada básicamente en la fumigación con químicos ha significado que en Colombia se hayan utilizado "casi 650 mil galones de glifosato desde 1992 a 1998 ...en el mismo lapso el potencial productivo creció dos veces".(12) Es así como de 293.700 toneladas de hoja de coca en 1996 se pasó a 303.000 toneladas en 1998.(13) Debe advertirse de las consecuencias ambientales de la aplicación de químicos en zonas de alta pluviosidad como el Amazonas.
Recientemente, en las discusiones alrededor del Plan Colombia, organizaciones campesinas e indígenas han hecho ver la inocuidad de la erradicación forzosa e incluso la manual. En su visión, de mediar la voluntad política necesaria para abandonar los cultivos para fines ilícitos, la misma selva se encargaría de arropar y destruir tales cultivos, sin que media la intervención humana.(14) Este proceso se conoce como resiliencia. También se recuerda que previo a la aparición de los cultivos para fines ilícitos, en los años setenta el Caquetá, Guaviare y Putumayo tenían presencia de economías lícitas, a través de la producción porcina que determinaba precios del producto en las principales ciudades capitales del país.(15)
La selva ha sido, desde los siglos XVI y XVII, epicentro de una actividad extractivista derivada de la apropiación de oro, quina, caucho, plata, platino, fibras, maderas, pieles, pesca y últimamente la coca. Esas actividades han desconocido características propias de la selva húmeda tropical, las cuales imponen dificultades para su manejo y causado un innegable impacto negativo en su conjunto.(16)
La selva acumula nutrientes, especies y estructuras en un medio adverso y alta pluviosidad. En realidad es una trampa de nutrientes que acumula una enorme riqueza y que se expresa en su exuberancia. Los suelos selváticos aprovechan ese complejo proceso donde las pérdidas de nutrientes son mínimas para sostenerse. Pero es la selva como sistema, no los suelos que la soportan y que siguen siendo pobres, la que garantiza mantenerse en el tiempo. Al intervenir el hombre, hay un escape de nutrientes que sólo soporta pastos al cabo de los años. Por ello, "cualquier intento de utilización intensiva de la selva conducirá irremediablemente a su destrucción... La mejor utilización posible de la selva es su conservación".(17)
La colonización y la ocupación de la selva no tienen ninguna justificación. "Es casi innecesario plantear argumentos en contra de la colonización y de la transformación de las áreas selváticas. Las grandes áreas selváticas del planeta, en especial Amazonía, son, junto con el mar, los principales reguladores climáticos del planeta. cuya desaparición aceleraría los fenómenos de cambio global con consecuencias impredecibles." Por ejemplo, en los años ochenta se presentó en el Caquetá una crisis ambiental expresada en cambios de los regímenes climáticos que generaron incendios y plagas coadyuvando en el fin del proceso de colonización productiva, antecedente del ciclo especulativo basado en los cultivos para fines ilícitos.(18)
Para enfrentar lo que se considera una errática política del Estado colombiano y de los países interesados en disminuir la oferta de narcóticos, en especial, los Estados Unidos y sus diversas agencias especializadas frente al tema de los cultivos para fines ilícitos, sectores de la academia, ONG'S, organizaciones campesinas, políticas, ambientalistas, gremios de la producción, entre otros, han intentado aportar propuestas alternativas que se sintetizan así(19):
- Permitir el libre cultivo de la coca y proyección de unidades ganaderas de 60 reses doble propósito en 30 hectáreas, garantizando autogestión y seguridad alimentaria.
- Establecer un pacto de paz con la Amazonia, respetando la vocación forestal bajo un adecuado manejo ambiental y socialmente sostenible, lo que permitiría un repoblamiento ganadero, teniendo en cuenta que por lo menos en el Caquetá pastan un millón de cabezas de ganado pero existen pastos para tres millones. El repoblamiento implicaría el establecimiento de praderas mejoradas, arreglos silvopastoriles, bancos de proteínas, de forrajeras y pastos de corte y las condiciones para su comercialización.
Como se puede ver, algunas de las alternativas de solución a la presencia de cultivos ilícitos en zonas de colonización adolecen de la perspectiva histórica del problema de la tierra y continúan lamentablemente en la línea del cortoplacismo y del desconocimiento del ecosistema selva. Si todos los desarrollos posteriores en la explotación de la tierra y de los recursos de la selva se hicieron por derivación de un estado de cosas impuesto por la fuerza de una realidad social una salida realista debe plantearse la reversión voluntaria de los grandes procesos de colonización de los últimos 25 años. En ese sentido, otras propuestas apuntan a:
- Utilización de los suelos de acuerdo a su vocación y en especial de mas de cinco millones de hectáreas para la agricultura que están desperdiciadas por la ganadería extensiva de los latifundios, en especial en el centro y la costa norte del país. Esto exige un reordenamiento de la propiedad, una verdadera ley de Reforma Agraria que en las circunstancias actuales permitiría extinguir el dominio de predios inadecuadamente explotados y trasladar voluntariamente a muchos de los colonos dedicados hoy a cultivos ilícitos y convertidos en propietarios con ingresos adecuados.(20)
- Ordenamiento territorial para adecuar la división territorial del país a su realidad ecológica, económica, social, étnica y cultura¡, de manera que puedan definirse con los métodos de la democracia participativa los planes de desarrollo regional acordes con los planes de vida de las comunidades.
- Readecuación de la política económica a la sostenibilidad integral. Acabar con el modelo que deja a la economía al garete de la crisis cíclica y permite catástrofes económicas, ecológicas, sociales y culturales como resultado de auges de crecimiento.(21)
- La creación de "bandas imaginativas de investigadores para la paz", que con apoyo estatal propongan soluciones uniendo las potencialidades del Amazonas (junto con el Catatumbo y el Chocó Biogeográfico) con las demandas de la sociedad globalizada presionando por nuevos espacios.(22)
El autor propone "identificar y colectar especies vegetales, monitorear en cautiverio el comportamiento en semicautiverio de ciertos animales ... estudiar los salados amazónicos, probar las propiedades de ciertas clases de vegetación útil, a recolectar semillas nativas para procesos masivos de reforestación, experimentar diferentes clases de agricultura, a pensar en formas alternativas de transporte, catalogar las propiedades madereras de árboles aún desconocidos, establecer sitos para el turismo ecológico, delimitar zonas de reserva, estudiar la potencialidad productiva de ciertas clases de ríos, indagar las características biológicas de innumerables poblaciones de aves, insectos, mamíferos, reptiles, peces". La propuesta "sería una excusa para generar empleo en el campo del conocimiento" junto a colonos, campesinos, exguerrilleros, desempleados, académicos, entre otros.
- El aprovechamiento del banco de germopiasma amazónico vía la ingeniería genética, la medicina natural y la bidiogenética, la química fina (levaduras y microrizas para producir alimentos), la agricultura orgánica, la física de semiconductores, la farmacopea; aprovechamiento del paisaje, oxígeno, el agua, la flora y la fauna y las culturas amerindias para el turismo planetario, una de las mayores industrias de la sociedad postíndustrial y mantenimiento de la Amazonia como sumidero del C02.(23)
Así las cosas, cabe reflexionar y adelantar en el país un amplio debate sobre la conveniencia de seguir nuestro desarrollo concentrado en el interior de la geografía y de espaldas al mar. Las cifras indican que sólo un 12% de la población colombiana vive en las costas, a contrario de la tendencia mundial que ubica el 60% de la población en las costas y sectores aledaños. También preguntarse sobre las terribles y previsibles consecuencias que traería para la humanidad la extinción de la Amazonía y para el país seguir cultivando en los páramos.
Las fuerzas sociales y políticas alternativas, los académicos, deben poner este tema en el centro del debate. Ahora, cuando se insiste en la formulación de una Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, es la oportunidad para debatir en qué espacio geográfico deberá desarrollarse el país durante la centuria que comienza. Asumir este reto hace parte del proceso democratizador y está intimamente ligada a los esfuerzos de paz en los que se encuentra empeñada la sociedad colombiana.

domingo, diciembre 4

CONGESTIÓN


Por: Alejandro Gaviria

Nota del Editor:  Gustavo Petro, alcalde electo de Bogotá,  plantea instalar peajes intra urbanos en vias de altísimo flujo, para des estimular su uso y así reducir la congestión vehicular, propuesta que ha generado el enojo de algunos dirigentes, incluyendo los del Polo Democrático, quienes descalifican la propuesta de entrada.  El autor de este artículo, quien es un reconocido economista colombiano, trae a colación el tema, con una interesante perspectiva. 

En 1951, el economista canadiense William Vickery fue contratado por el alcalde de Nueva York con el propósito de mejorar las menguadas finanzas de su ciudad.

Por cuenta de los azares de la consultoría, Vickery terminó dedicado a estudiar un problema distinto, la congestión vehicular. Hizo, entonces, una propuesta simple, pero trascendental: cobrar por el uso de las vías urbanas, sobre todo de las vías más congestionadas en las horas de mayor tráfico. En su opinión, los peajes urbanos harían que los conductores tuvieran en cuenta el costo que imponen sobre los demás viajeros y usasen las vías de manera óptima desde un punto de vista social. Si el precio es cero, la “demanda” será insaciable y la congestión, imposible de evitar.
Vickery repitió su propuesta por muchos años. Llamó la atención repetidamente sobre una realidad económica innegable: las vías urbanas son un recurso escaso y, por lo tanto, su uso debería acarrear un precio. Inicialmente la indiferencia fue general: su propuesta era muy simple para los académicos y muy impopular para los políticos. Pero con el tiempo la situación cambió. Sus colegas entendieron la trascendencia de sus ideas. En 1963, publicó su artículo seminal sobre precios de congestión. En 1992, fue elegido presidente de la Asociación Americana de Economistas. Y en 1996, ganó el premio Nobel de economía.
Vickery murió dos días después del anuncio del premio. Iba manejando por una autopista a altas horas de la noche (para evitar la congestión dicen las malas lenguas). Murió sin haber recibido el premio Nobel y sin haber visto sus ideas hechas realidad. Sólo en la última década, Londres, Estocolmo y otras ciudades europeas han implantado sistemas electrónicos para cobrar por el uso de las vías urbanas. Con gran éxito, vale decir. La congestión se ha reducido significativamente con enormes beneficios sociales. En Estados Unidos, por el contrario, la respuesta a la congestión ha sido la misma desde que Vickery formuló su propuesta por primera vez, a saber: construir vías y más vías que se llenan rápidamente. A más kilómetros de vías urbanas, más vehículos y más viajes. Las nuevas vías se autoderrotan, pues incentivan a muchos conductores a sacar sus carros del garaje.
Gustavo Petro quiere traer las ideas de Vickery a Bogotá, ha planteado la necesidad de instalar peajes urbanos en las zonas de mayor congestión vehicular. Los problemas prácticos de esta iniciativa son enormes, su implantación requerirá seguramente muchos meses de estudio y muchos millones de pesos de inversión. Pero la propuesta es buena, es una respuesta sensata a un problema cada vez más grande y acuciante. Ojalá otras ciudades se sumaran a la iniciativa. O al menos la estudiaran con seriedad.
Al final de la semana, el senador Jorge Enrique Robledo criticó duramente la propuesta del alcalde electo de Bogotá. “Los peajes urbanos quieren decir que el derecho ciudadano se deja sólo a quienes puedan pagarlo…son neoliberalismo, FMI y consenso de Washington. Esos son sus orígenes, en nada afectos a las ideas democráticas”, señaló. Estas críticas desconocen el origen académico de la propuesta. Y dejan de lado un asunto esencial: los peajes urbanos aumentan el bienestar general, son socialmente provechosos. Pueda ser que la demagogia barata no acabe de entrada con una propuesta inteligente.
agaviria.blogspot.com

domingo, noviembre 27

COMO SE MANEJAN LAS COSAS EN EL "RECLINATORIO" DE LA EMBAJADA.

Consejos del exembajador William B. Wood sobre Ley 975

Disertaciones de Justicia y Paz

Por: Elespectador.com

Después de que la Corte Constitucional hiciera ajustes a la ley, el exembajador Wood le dijo al exsecretario de Presidencia Mauricio González que no reviviera el artículo 71, cuya caída sigue teniendo en el limbo jurídico a 19 mil desmovilizados.



Es así como en dos cables enviados de la Embajada americana a su central en Washington quedan retratadas tres reuniones del entonces embajador de Estados Unidos en Colombia, William B. Wood, con el exsecretario de Presidencia Mauricio González, el excomisionado para la Paz Luis Carlos Restrepo y la exembajadora de Estados Unidos en Colombia, Carolina Barco, que tenían como propósito ayudar a los funcionarios a resolver la redacción de puntos claves de la Ley de Justicia y Paz que fueron corregidos por la Corte. En los cables, sobre todo, se nota el interés del mandatario americano de precisar que, bajo ningún punto, debía impedirse la extradición de los desmovilizados.

El primer informe, fechado el 10 de agosto de 2006, empieza con la intervención de Wood. Éste le manifiesta a González que las regulaciones implementadas por la Corte Constitucional eran ambiguas y el Gobierno colombiano no debía ir más allá de lo estrictamente dictaminado por el alto tribunal. Wood también le dijo a González que Estados Unidos apoyaba la pérdida de beneficios de Justicia y Paz para cualquier individuo que fallara en revelar los crímenes que hubiera cometido y dijo que si sólo se pedía a los ‘paras’ que revelaran crímenes específicos, éstos estarían motivados a ocultar sus implicaciones en ofensas serias.

Asimismo, el embajador William B. Wood le dijo al exsecretario de Presidencia que no estaba de acuerdo con que los ‘paras’ fueran transferidos a una “colonia agrícola” después de cumplir la tercera parte de su condena. Entonces recalcó que no se podía tener en cuenta el tiempo que los líderes de las autodefensas habían permanecido en Santa Fe de Ralito o en la finca La Ceja, ya que, de tal forma, éstos cumplirían una pena mínima o nula en un centro de reclusión real.

En cuestiones de reparación de víctimas, el embajador dijo que el gobierno americano pensaba que los desmovilizados debían renunciar a sus bienes lícitos e ilícitos, entregando sus bienes lícitos en el momento en que hubiera un desfalco entre el valor que se debía entregar a las víctimas y el valor de las propiedades ilegales. Esta advertencia la hizo porque sabía, como se lo advirtió González, que el borrador del Gobierno no exigía a los desmovilizados la entrega de sus propiedades legales.

Seguidamente, Wood inquirió a González sobre cómo iba a interpretar el artículo 71, que otorgaba a los ‘paras’ la condición de sediciosos y con ello les daba un estatus de delincuentes políticos. Y, aunque en el informe no se da cuenta sobre una respuesta de González, señala que el embajador le dejó claro que si el Gobierno colombiano revivía aquel artículo, los líderes paramilitares no podrían ser extraditados. En este momento el exsecretario refutó a Wood manifestando que si Simón Trinidad había sido extraditado por narcotráfico, asimismo podrían ser extraditados los miembros de las Auc.

En el segundo cable, fechado el 14 de agosto de 2006, aunque el embajador trata los mismos temas con el excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo y la embajadora de Colombia en Estados Unidos, Carolina Barco, recae en una pequeña diferencia. Wood les aconseja a los funcionarios que no hagan referencias en el borrador sobre el problema de dónde deberían servirse las sentencias alternativas de los desmovilizados y que omitieran lo que representaba uno de los puntos más cruciales dentro del proceso de desmovilización.

Cinco años después del cable, la caída del artículo 71, el responsable de que hoy estén en el limbo jurídico 19.000 desmovilizados, sigue siendo el talón de Aquiles de la Ley 975. No en vano, el pasado viernes, El Espectador conoció un decreto reglamentario por medio del cual el gobierno del presidente Juan Manuel Santos está buscando resolver la situación de los desmovilizados que aún no han podido saldar sus cuentas con la justicia. Sólo el tiempo dirá si el nuevo gobierno puede llenar los vacíos que dejó sobre las víctimas y los victimarios la discutida Ley de Justicia y Paz.

¿¿¿COMO TERMINAR ESTA FARC-SA????

No es así, Timochenko, no es así

   



N. del Editor de este blog. al momento de circular la revista con este comentario de opinión, no se sabía todavia de el asesinato de los prisioneros secuestrados por las Farc. estamos seguros que el contenido de esta columna hubiera sido mas categórico. 
de todas maneras nos sumamos a las voces de rechazo a ese acto infame, permanecerá en la memoria y algún dia sus autores tendrán que responder con verdad, justicia y reparación a los millones de víctimas que han generado en su cruzada de odio.
AJGF


Por: León Valencia, en semana.com 27 de noviembre de 2011


OPINIÓNCuando la población civil se vuelve el blanco preferido y nadie se detiene ante el estado de indefensión, cuando la guerra se degrada y el honor militar sucumbe ante la venganza, no hay epopeya posible. Es el momento en que el único acto heroico es la paz.

Sábado 26 Noviembre 2011
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Leí su carta. Su adolorido reclamo a Santos por el uso desproporcionado de la fuerza en la muerte de Alfonso Cano, por la exhibición de los cadáveres de los jefes de las Farc dados de baja y la fiesta que acompaña estos momentos de escarnio, por tomar la mano arrancada a Iván Ríos como testimonio para la recompensa.


Es un clamor humano que debía tener eco en una Nación que lleva en su alma un cristianismo compasivo y triste. Pero no lo tiene y eso debía suscitar un interrogante en su corazón. 
Quizá las imágenes de los secuestrados con la humillación pintada en su rostro, con la piel lacerada y los ojos anhelantes, con la voz desgarrada por el largo suplicio; esas visiones del horror que el país conoció hace pocos años a través de videos y de fotografías enviadas por los carceleros de las Farc desde las montañas lejanas; o el desgarrador desfile de soldados mutilados en los hospitales militares, han ahogado la compasión en nuestro pueblo.

Usted lo sabe bien. Esta larga guerra es un macabro juego de espejos en el que cada contendiente acosado por memorias vengativas, despojado de valores que la humanidad ha forjado en el abismo de sus grandes conflictos, ha dado en hacerle a su enemigo lo mismo que ha sufrido, lo mismo que en tantos momentos ha soportado. Los paramilitares han estado en eso; las guerrillas están en eso; sectores de la fuerza pública están ahí; la sociedad calla y de vez en cuando alza la voz para condenar o para disculpar, según las preferencias ideológicas. 

A estas alturas es inútil reclamar humanidad. Aunque las palabras estén cargadas de verdad y de dolor, suenan siempre a mascaradas. Ya no hay solución que no sea la paz para detener la infamia. Es así, Timochenko. No será prolongando la guerra como se puede parar la ignominia, la propia y la ajena. La persistente violencia ha entrado a saco en el corazón de los colombianos y se ha robado a jirones una porción grande del humanismo que anidaba en ellos. Tenemos que parar el desangre para que el país recupere el pudor y la bondad; para que nadie haga fiesta con la muerte o el secuestro. 

Invoca usted el heroísmo de sus hombres y mujeres para denostar al mismo tiempo el valor del contrario. Deténgase a pensar un poco y se dará cuenta de que cuando la población civil se vuelve el blanco preferido y nadie se detiene ante el estado de indefensión, cuando la guerra se degrada y el honor militar sucumbe ante la venganza, no hay epopeya posible. Es el momento en el que el único acto heroico es la paz. 

Eso ha sido así siempre, pero lo es más ahora. Hace poco se hizo una calificación de los presidentes de Colombia. Alberto Lleras quedó primero entre los mandatarios. Se ganó ese lugar, entre otras cosas, por haber liderado la paz de los años cincuenta. Difícilmente el porvenir entregará galardones por batallas ganadas o sacrificios realizados en la confrontación que nos aflige, en cambio tendrá un sitio de honor para quienes sean capaces de firmar una paz duradera.

Atrévase usted, Timochenko, a iniciar un proceso de reconciliación y sabrá del heroísmo. Tendrá que enfrentar primero a quienes en sus propias filas lo mirarán como un traidor y harán todo cuanto esté a su alcance para detener su propósito; luego se las verá con un sector de las élites del país que se siente más cómodo en la guerra que en la paz, con esa derecha ligada a las mafias y a la ilegalidad que ha acumulado dinero y poder en medio de la violencia y que se opondrá con uñas y dientes a un final negociado para el litigio; y después, cuando esté en la vida civil, tendrá el reto de defender las ideas sociales que proclama en medio de los halagos y las amenazas. Para estas batallas se necesita más serenidad y más valor que para enviar jóvenes campesinos al sacrifico o al deshonor en una guerra sin futuro.

domingo, noviembre 13

Un Camino hacia el Futuro: GUERRA PERPETUA, SALIDA, SOLUCIÓN IMPUESTA O SOLUC...


GUERRA PERPETUA, SALIDA, SOLUCIÓN IMPUESTA O SOLUCIÓN NEGOCIADA: ¿QUE QUIEREN LOS ACTORES ARMADOS EN COLOMBIA?

ENDLESS WAR,  AN  EASY EXIT, A GIVEN SOLUTION, A NEGOCIATED SOLUTION: ¿ WHAT DOES COLOMBIAN ARMED ACTORS WANT?

Brief: 
So, the legal frame to peace that is debating  colombian Congress must give reliable answers to several  basic issues and the first of them will be,  how many of power will  colombian policy makers and  power owners are ready to toss  and share to make   peace become possible and  achieveable,  permitting the politic participation  to the former  conflict armed actors when demobilized.  But isn´t , the new legal frame for peace will worth nothing.

Puede resultar apresurado hacerse esta pregunta hoy, cuando la respuesta del Estado colombiano es evidente y como están las cosas, solo cabe en la cabeza de la clase dirigente y política la salida militar para el conflicto armado.  Decimos militar, por que la desmovilización individual, que es la punta de lanza de la estrategia de paz llamémosla “humana” del Estado, basada en la deserción de los grupos guerrilleros es solo una parte de la estrategia militar que pretende restarle individuos al enemigo. Y por otro lado, la contundencia de los golpes propinados a las guerrillas, ponen a algunos a soñar con acabar el conflicto por sustracción de materia al terminar con todos los actores armados en el cementerio.
Pero pocos se preguntan que salida es la que realmente requiere el conflicto armado colombiano, de la cual son actores necesarios el Estado colombiano, y toda la sociedad, así como los actores armados ilegales que actúan en el conflicto, motivados por muchos intereses políticos y que ninguno confluye en el interés real, que es solucionar de fondo las inmensas inequidades que existen al interior de nuestra nación.
El proyecto de generar mediante un acto legislativo un “marco legal para la paz”, se quedará en muy buenas intenciones, puesto que así logre salir del tramite constituyente y plasmarse en una reforma constitucional, no será una solución efectiva para comenzar a poner fin al conflicto que agobia a Colombia.
Pero, hay que abordar dos temas fundamentales antes, previendo el desarrollo de esta solución legislativa.
El primero de ellos, es la reconciliación. La reconciliación es sinónimo de paz. Todo lo que produzca el Estado para lograr des-escalar  o humanizar  el conflicto debe partir del presupuesto de que debe conducir a la reconciliación.  Si no es conducente a este fin, no sirve.
Anular el conflicto es imposible, pues es inherente al ser humano, pero humanizarlo y evitar su escalamiento es posible, deseable y absolutamente necesario. A esto deben apuntar los sistemas legales que se desarrollen para tal finalidad. Estanislao Zuleta decía con sabiduría que “una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz.”
Lograr evitar que los colombianos opten por la guerra, es solo el final de un cambio cultural que debe estar promovido desde la misma Constitución nacional y que debe contar con el compromiso de todos los estamentos del Estado para su logro. Este debe ser el contenido de un verdadero marco legal para la paz.
Si no hay cultura de reconciliación, no hay paz.
El segundo tema es la voluntad política para lograr la paz.  Si no la hay, no hay paz. Si todos los estamentos y actores no están convencidos que hay que hacer grandes esfuerzos en todos los aspectos para lograr la paz y están dispuestos a hacerlos, no habrá reconciliación posible.  La clase dirigente y política colombiana debe entender que el mayor esfuerzo les corresponde a ellos, no solo propiciando el marco legislativo suficiente sino también propiciando el espacio y aportando los medios económicos necesarios para que el cambio en las mentalidades de todas las personas sea efectivo. En resumen, hay que permitir la participación política y el acceso al poder del estado.
Aplacar definitivamente el espíritu violento requiere de insumos culturales que solo serán posibles si se dispone de los recursos suficientes, y estos incluyen no solo cambios no solo en el modelo económico sino también en el modelo político, que deben dejar de ser tan excluyentes.
Y ojo con esto, por que proponerle a las personas  abandonar las armas, integrarse a la sociedad  y desistir definitivamente de la violencia como medio de expresión requiere que se abran espacios para la expresión civil, incluso que se les permita el acceso a los espacios políticos. Si no se permite la participación política a quienes desistan definitivamente de la expresión violenta,  no  se acogerán a las propuestas que pueda realizar la sociedad en su búsqueda de paz.
No vale de ninguna manera reconocerles la categoría de delincuentes “altruistas” a la guerrilla. La opción por la violencia los hace iguales a cualquiera otra persona que haya optado por la violencia como medio de expresión política o social.  En este conflicto, absolutamente ningún actor puede alegar motivos altruistas.
 ¿Como reconocerle ese titulo a alguien o a un grupo en un conflicto en que el altruismo se acabó dos o tres generaciones atrás, cuando dejaron de ser grupos de autodefensa y se convirtieron en maquinas de guerra con intereses mediados por el narcotráfico?
La posibilidad de reconocerles carácter político, procedería solamente cuando hayan demostrado con su desmovilización, con haber concurrido a los tribunales y obtenido una pena por el hecho de su opción violenta y por todos los asesinatos que cometieron, y desde luego haber contado la verdad de su participación al conflicto y reparado a todas las victimas.
El marco jurídico para la paz amenaza con quedarse en buenas palabras bienintencionadas, como esa hermosísima frase de nuestra Constitución que ordena perentoriamente: “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.
Entonces, el marco legal para la paz debe dar respuestas posibles a varios aspectos fundamentales, pero el primero de ellos será, hasta donde esta nuestra dirigencia y los dueños del poder dispuestos a ceder parte de este para hacer una verdadera política de paz que sea posible, realizable, cumplible, permitiendo la participación política de los otrora  actores armados. Por que si no, valdrá de nada el marco legal para la paz que se pretende implementar.

Proponemos como conclusión el mismo titulo de este articulo, ahora con una modificación: Guerra perpetua, Salida, solución inpuesta, Salida negociada o solución negociada. ¿Que quiere la clase dirigente y política colombiana?