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domingo, marzo 31

"IRE A RENOVAR VÍNCULOS" LE CLEZIO, UN PREMIO NOBEL QUE PASÓ POR URABÁ


 TOMADO ELESPECTADOR.COM, 31 DE MARZO DE 2013

El gran invitado de la Feria del Libro de Bogotá 2013

"Iré a renovar vínculos"

En entrevista con El Espectador, el Nobel de Literatura 2008, Jean Marie Gustave Le Clézio, reconstruye su travesía desde Panamá hasta Medellín junto a un brujo.



Prefirió responder el cuestionario por escrito y sin ayuda de asistente o traductor porque quería practicar español, recordar el que aprendió primero en México y luego en Panamá y Colombia, aunque llegó a dominar más lenguas indígenas que castellano. Después, con la misma naturalidad, respondió contrapreguntas y se mostró ansioso por regresar al país de su desaparecido amigo Gerente Peña, un “príncipe del bosque” que incluyó en dos de sus libros, uno de los sabios indígenas del cuerpo y del alma que le cambiaron la vida.
Maestro, ¿qué significa para usted volver a Colombia 43 años después? Para mí el encuentro en la Feria del Libro de Bogotá es una ocasión magnífica de renovar los vínculos que yo siempre he tenido con la literatura y la cultura de este país. En general, América Latina favorece al pensamiento y a las artes, no sólo porque son naciones donde nació verdaderamente el arte popular, sino donde se inventó una conexión profunda entre el pueblo y los intelectuales. Hace dos años estuve en la Feria del Libro de Guadalajara y fueron momentos conmovedores de intercambio y de reflexión sobre el tema del mestizaje. Y el último mes de julio estuve en la Feria de Xalapa, también en México, y me impresionó la participación de la población en los encuentros. Por eso creo que la Feria de Bogotá tendrá el mismo objetivo.
Aquí sobrevive un centenar de culturas indígenas, 60 en peligro de extinción, entre ellas los emberas y los wounaan que usted conoció en la frontera con Panamá. ¿De qué sirvieron obras suyas como ‘Haï’, donde está su percepción de Colombia?Permanecí tres años en la selva del Tapón del Darién y el encuentro con los emberas y los wounaan fue un momento decisivo en mi vida, una experiencia a la vez espiritual y física que me cambió radicalmente.
{En Lecturas secretas —Ediciones Testimonio. 2002—, el literato Édgar Bastidas Urresty escribió un ensayo sobre cómo Le Clézio llegó a trabajar al Instituto de Estudios de América Latina con sede en México, entre 1970 y 1974, e investigó sobre la historia y la cultura aztecas y mayas, siguiendo los pasos de los poetas Antonin Arthaud y Henri Michaux. Desde allí hizo contacto con los indígenas en Panamá y Colombia que inspiraron su libro La fiesta cantada y otros ensayos de tema amerindio —1997—. “Le Clézio cuenta que cada año los visitó durante 6 a 8 meses en la época de lluvias, cuando los ríos crecen y permiten viajar en las piraguas. Esta comunidad le enseñó su lengua, ‘una lengua elemental, una explicación sumaria de su propia cultura. Aprendí una nueva manera de ver, de sentir, de hablar’. Aprendió que ‘se debe marchar en silencio en la selva, sin pararse, ni sentarse, los sentidos despiertos’. A reconocer los árboles y sus usos”. Escribió: “Las noches eran magníficas, llenas de ruidos. Las mujeres cantaban, rimando la mano sobre sus collares, cantaban la historia de Hinupoto que antaño espiaba las muchachas y robaba la sangre de sus menstruos, la historia del pájaro carpintero que robó el fuego al caimán o del gran árbol Cuippo que, cayendo sobre la tierra, dio el agua a los hombres, cuando sus raíces se convirtieron en fuentes y sus ramas en los ríos que corren al mar”. Descubrió “la inteligencia del universo, su evidencia, su sensibilidad. La relación estrecha que une los seres humanos no solamente con el mundo que los rodea, sino también al mundo invisible, a los sueños, al origen de la creación”}.En ‘Haï’ evoca al indígena colombiano Gerente Peña, de quien oí hablar por primera vez en un encuentro en Quibdó (2009), donde la Legión del Afecto y la ONU reunieron a los maestros que enseñan en medio de la selva chocoana, y fue citado como uno de quienes honran la milenaria cultura de la tradición oral. ¿Cuánto influyó en usted y qué recuerda de él?
Recuerdo ahora el retrato del brujo Gerente Peña que aparece en mi libro de la editorial Skira. Me gustaría enviárselo, pero las fotos de esa época todas desaparecieron (el propio Le Clézio las tomaba con una cámara Leica de fuelle). Lo siento. Fue él quien me preguntó si lo acompañaría en su travesía por la selva. Él iba desde Panamá a Colombia para estudiar más plantas medicinales y para ver a su familia, porque provenía del Baudó (Chocó). Era, puesto que creo que ha muerto desde aquel tiempo, un gran médico y un hombre muy inteligente, con mucho carisma.{Con distintas fuentes de la etnia embera-wounaan pregunté por él. También a investigadores de la Universidad de Antioquia. Todos lo reconocen como uno de los sabios mayores, pero no saben dónde vive o si murió. Quien más averiguó en Semana Santa sobre Gerente Peña fue Alberto Áchito, líder embera de Juradó, Chocó, y la versión más creíble que me contó por teléfono celular es que el brujo regresó a Panamá, desplazado por la violencia de las Farc contra su comunidad. La mitad de los 6.500 indígenas, protegidos por la Corte Constitucional pero no por el Estado, todavía habita las riberas del alto San Juan y a 2013 siguen clamando respeto de la guerrilla y ahora de Los Urabeños en el bajo San Juan, litoral pacífico cercano a Buenaventura}.
¿Cómo fue ese largo viaje con Gerente?
Fue una experiencia fuerte, atravesando el Tapón del Darién y después en piragua a través de los pantanos hasta Riosucio y el Atrato; después en camión de pasajeros por las serranías hasta Medellín y por el Páramo de las Letras hasta inmediaciones de Buenaventura. A lo largo del camino, Gerente Peña daba consultas a los enfermos del cuerpo y del alma. Pero no soy un escritor viajero, no me aventuraré a contar todo tan menudo. ¡Lástima!
{Más detalles están en los libros indígenas de Le Clézio, según el profesor Bastidas Urresty: cuenta que conoció a Gerente Peña “como amigo, campesino, agricultor, cuentista, médico, brujo, que canta para cuidar un enfermo, canta melopeas para agradar los espíritus que son injustos y ligeros como los hombres: ‘Plata americana, plata colombiana...’. Peña habla de su maestro en el río San Juan, en Colombia, a quien le aprendió todos sus secretos. Le Clézio volvió a ver a Gerente Peña en Medellín, vestido de harapos, ‘magnífico como un príncipe del bosque. Las gentes de la ciudad, los turistas de Bogotá se detenían, le tomaban fotos’ ante su indiferencia. Es uno de los más hermosos recuerdos de su paso por Colombia”}.
¿Un punto de quiebre para su escritura?Escribí poco después un librito llamado Le pays d'Iwa, sobre el poder de la adivinanza por el Datura stramonium, en embera iwa. Al final, nunca se publicó.
{Se refiere a un suceso “traumático importante” para el escritor francés, según Bastidas Urresty: haber participado en la fiesta indígena Beka, precedida de la ceremonia Tahusa, en la que el adivino-brujo Iwa Tobari lo dejó bajo los efectos del datura, un alucinógeno selvático. “Visitó la casa del adivino Colombia, el más notable de los emberas, situada cerca del río Chico, uno de los afluentes del Chucunaque. Una tarde el adivino le dio el primer brebaje de datura en una pequeña calabaza, sin sobrepasar la medida para no exponerse a la locura, y repitió la dosis en los dos días siguientes. Al cuarto día empezó a sentir los primeros efectos de la bebida: caminó titubeando hasta el río. En la noche tuvo fiebre alta, signos de agresividad, sueños, pesadillas y alucinaciones: vio un árbol lleno de ojos, un gigante con taparrabo azul que lo miraba; en la otra orilla la casa de la araña, la aldea de los espíritus. Al despertar le contó a Colombia lo sucedido en el trance sin lograr perturbarlo, pues siempre estuvo a su lado y cuando comenzó el trastorno le dio agua en jugo de caña”. El árbol datura blanco “habla a los que beben el jugo de sus hojas, que los árboles tienen ojos que nos observan, y que del otro lado del río, delante de las casas de los hombres, los espíritus tienen sus aldeas y atraviesan el agua cada noche danzando como si fueran llamas”. Bastidas ratifica: “el descubrimiento de los emberas cambió la vida de Le Clézio, sus ideas sobre el mundo y sobre el arte, su comportamiento con los otros, su forma de caminar, de amar, de dormir y hasta sus sueños”}.
¿Qué hacer para proteger estas etnias y hábitats biodiversos como la Amazonia, amenazados por narcos y mineros?
El peligro mayor para las poblaciones indígenas, en Panamá, en Colombia y otras partes del continente, está en la confrontación violenta con la explotación minera y el narcotráfico. Una cierta autonomía de estas poblaciones, con el beneficio de comarcas definidas ayudaría mucho, pero hay que insistir en el hecho de que estos pueblos necesitan tomar su porvenir en sus manos y participar de la democracia. El acceso a la enseñanza plurilingual es capital, lo que significa la posibilidad de enseñar las lenguas indígenas en las escuelas al nivel nacional también. Es una experiencia que dio buenos resultados en Ecuador y Bolivia.
¿Piensa en otra cruzada ecológica como aquella contra Mitsubishi en México para salvar la laguna salada de las ballenas grises, registrada en esa prosa poética de ‘Pavana’ (1992) a través de la historia del cazador arrepentido? ¿Una en Colombia?
Siempre me preocupa el tema de la ecología, puesto que creo que está conectado con la valoración de las culturas tradicionales. Siendo escritor, mi acción se encuentra más en los temas de mi literatura, pero cuando se necesita, participo en las luchas ecológicas, con el Grupo de los Cien en México (con su amigo poeta Homero Aritjis, quien hoy publica en El Espectador un texto sobre su amigo Nobel y otro a cuatro manos) o a través de Survival Internacional. Hace tres años participé de la acción del grupo de la Nación Originaria Innu de Canadá contra la construcción de la represa hidroeléctrica en el río La Romaine por la compañía Hydro-Québec. Estoy dispuesto, desde luego, a apoyar la acción de las organizaciones ecológicas en Colombia, especialmente en la región amazónica.
Ese perfil de “explorador” que le dio la academia sueca, esa relación entre viaje y escritura, ¿sigue siendo base de su obra?
Explorador para mí es una burla. Gran parte de mis escritos proviene de mis lecturas, especialmente de la niñez, porque tuve la suerte de viajar en la literatura universal en la biblioteca de mi abuelo, desde obras mayores como el Lazarillo de Tormes o el Quijote, hasta la literatura moderna inglesa, y una enciclopedia mágica del siglo XIX: Diccionario de la conversación (15 tomos que memorizaba por partes).
Entonces la palabra puede ser nómada. ¿Cómo define después de medio siglo de viajes su identidad racial y cultural?
Ya no viajo mucho: cambio de residencias. Por mi familia paterna y materna soy mauriciano, de esta pequeña isla totalmente mestiza (ver El Africano). Por mi educación soy francés. Y por el lado de mi esposa, estoy vinculado a las culturas nómadas del desierto, la antigua colonia del Río de Oro en el Sahara occidental (ver Desierto). Esta ambigüedad es una ventaja para entender el mundo.
La revista ‘Lire’ lo escogió como uno de los más grandes escritores de la lengua francesa. ¿En dónde ubica hoy su obra frente a clásicos como Rabelais, Proust, Flaubert y referentes más recientes y cercanos a usted como Perec?
Perdón, no tengo respuesta para ésta.Cinco de sus libros abordan la historia de México hasta el siglo XX. ¿Cómo analiza el presente mexicano marcado por corrupción y violencia narco?
México es un país magnífico, con una historia mágica, tanto en el pasado indígena como en la lucha contra la tiranía y el imperialismo. Por mucho tiempo fue un faro alumbrando a toda América. Ahora atraviesa una crisis terrible, pero tengo confianza en su capacidad de superar esta criminalidad.
¿Ve conexiones históricas entre México y Colombia que deban ser estudiadas para entender el porqué de tanta violencia?
Cuando tenía 30 años viajé entre Panamá y Colombia, en compañía de aquél curandero wounaan, a través de la selva hasta Quibdó y Medellín, sin encontrar ningún peligro. En México viajé a menudo por el norte, cruzando la frontera. Todo esto hoy día parece difícil. Parte de la culpa la tiene el vecino del norte, que es el consumidor de las drogas y el proveedor de las armas, pero también los gobiernos de los países del sur que dejaron progresar esta violencia. No creo que haya una fatalidad de la violencia y las raíces del mal no son históricas. Mejor dicho: los países del sur son las primeras víctimas de una corrupción de característica transnacional y las soluciones no pueden ser encontradas en un solo lugar, sino que han de ser asunto primordial de todas las naciones del mundo, objetivo que debe tener precedencia sobre el surrealista y enloquecido esfuerzo para el armamento nuclear, entre otros desperdicios militares.
Según entrevistas a usted —como su reveladora charla con Gérard de Constanze publicada por el ‘Magazine Littéraire’—, coincidimos en el gusto por Flannery O’Connor. Tengo a la mano el ensayo ‘El arte del cuento’, donde explica por qué “la ficción opera a través de los sentidos” y advierte que el escritor “no debe olvidar o resignar ninguna de las posturas morales” que le dictan sus convicciones. Encuentro coincidencias suyas con ella porque su literatura es en primer lugar de acumulación de imágenes más que de situaciones, aunque difieren en cuanto a que usted profundiza la vivencia a la hora de narrar mientras en ella la transformación del personaje y la significación operan más desde el distanciamiento. ¿Qué opina?
Tengo en mi mente la definición de Flannery O’Connor que afirma que todo lo que escribió fue una acumulación de imágenes, sensaciones y sentidos recolectados durante los 15 primeros años de su vida. No comparto su pesimismo, pero creo también que el papel del escritor está en la reconstrucción de estos años de formación, cuando aparecen, a pesar del egoísmo y de la violencia de la juventud, sus primeras inquietudes morales.
Precisamente sus críticos dicen —recuerdo ahora un buen ensayo, duro con su obra, del mexicano Rafael Lemus en ‘Letras Libres’— que las novelas de su madurez son demasiado “buenas” para lo mal que está el mundo y que a veces se exceden en sentimentales, románticas, sensuales, morales, líricas. ¿Qué opina de eso y de que lo contrapongan a autores “pesimistas y oscuros” como Coetzee?
No sé, es cuestión de apreciación individual. Estoy perfectamente consciente de que mi visión del mundo pueda parecer simplista. Creo que mi vida con los emberas fue ¡una vacuna contra el pesimismo!
¿Qué escritores colombianos ha leído y cuál es su opinión de García Márquez?
En México encontré a Álvaro Mutis y fue él quien me inició en la lectura de los dos escritores mayores de América Latina, que son Juan Rulfo, por su Pedro Páramo, y García Márquez, la versión colombiana de Rulfo.
Son evidentes su alma y su interés visceral por África (‘Onitsha’, ‘El pez dorado’, ‘El buscador de oro’, ‘Viaje a Rodrigues’, etc.), así como su relación conflictiva con Europa. No puedo dejar de preguntarle por la invasión de Francia a Malí, movida por intereses económicos coloniales.
No comparto el entusiasmo de la clase política francesa para esta intervención. Siempre me preocupa cuando un ejército potente con armas modernas invade a un país pobre, cuyas fronteras han sido trocadas artificialmente por la colonia.
A propósito del colonialismo francés, hace seis años usted firmó junto a otros intelectuales el manifiesto “Pour une littérature-monde en français”. ¿De qué sirvió en el plano político y literario francófono?
Fue un apoyo al gran poeta Édouard Glissant. No me enteré de sus consecuencias, particularmente en cuanto a la autonomía de las Antillas francesas y de la Guyana. Me imagino que fue una lágrima en el océano narcisista de la literatura francesa contemporánea.
Desde ‘El proceso verbal’ y ‘El diluvio’, influenciado por el norteamericano J. D. Salinger, usted empezó a ser reconocido como representante de la novela experimental y luego de su vivencia indígena parece haberse establecido en una línea más tradicional. Ahora que se cumplen 50 años de la publicación en Francia de una obra emblemática como ‘Rayuela’, de Cortázar, ¿cómo ser innovador en la novela del siglo XXI?
Lo bueno de nuestros tiempos modernos es que gracias a la novela hemos recurrido a todas las arcanas de la expresión literaria, desde el libro absoluto como de Joyce, hasta la así llamada autonovela en Francia y América Latina, pasando por la literatura comprometida y la novela experimental, como Cortázar o Alain Robbe-Grillet (gran influencia de Le Clézio a través del movimiento de la “nueva novela”, más metafísica que carnal). Así, estamos de nuevo vírgenes, con toda libertad para expresar la individualidad, inventar nuevas palabras y, según el mejor cumplido que me hizo la academia, nuevas partidas.
La vida pasa y novelistas consumados como Philip Roth acaban de anunciar su renuncia al oficio porque ya escribieron lo que tenían por decir. Después de 50 libros, entre novelas, cuentos y ensayos, ¿qué cree que le falta narrar?
¡Me falta tiempo! Gracias por sus preguntas. ¡Será un placer que nos encontremos en Bogotá! Atentamente suyo, J. M. G. Le Clézio.
Por: Nelson Fredy Padilla

lunes, febrero 25

LA RESTITUCIÓN: UNA NUEVA FACETA DEL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO


23 febrero 2013

Restitución: el nuevo conflicto



ORDEN PÚBLICOCon casi 700 reclamantes de tierras amenazados en un año, el proceso de restitución puede ser el nuevo motivo del conflicto en las zonas agrarias.


Restitución: el nuevo conflicto. Manuel Ruiz, líder de un proceso de restitución colectiva en el Chocó fue uno de los dos  líderes asesinados en 2012. Lo mataron junto a su hijo.
Autor: Archivo particular
Manuel Ruiz, líder de un proceso de restitución colectiva en el Chocó fue uno de los dos líderes asesinados en 2012. Lo mataron junto a su hijo.
Una alarma silenciosa se extiende por Colombia. A un año escaso de iniciado el proceso de restitución de tierras, hay 683 reclamantes de tierras amenazados. La cifra es verdaderamente alarmante. Hasta ahora, apenas se ha emitido una docena de sentencias que devuelven a sus dueños las fincas despojadas por la violencia. ¿Qué puede pasar en los próximos meses, cuando los jueces de restitución van a producir cientos de fallos más?

En este caso, el Estado ha respondido. Los asesinatos, en marzo pasado, de Manuel Ruiz y su hijo Samir, que reclamaban tierras colectivas en Chocó; y de Jairo Mejía, líder del Carmen de Bolívar, en junio, cerca de Montería, encendieron las alarmas. La Unidad Nacional de Protección (UNP), encargada de proveer seguridad a personas en riesgo, tomó decisiones extraordinarias. Mediante un procedimiento de emergencia ha cobijado con medidas de protección, aun antes de hacerles el estudio de riesgo, a 425 líderes y participantes del proceso de restitución de tierras. 

“En 2012 no nos han matado a nadie”, afirma el director de la UNP, Andrés Villamizar. “Basta con que una entidad en el terreno nos ponga por escrito un riesgo inminente (para un reclamante) y se le ponen medidas.”

Si bien la protección parece estar funcionando, la magnitud del recurso a las amenazas de todo tipo para frenar los procesos de restitución es tal, que la UNP calcula que para finales de 2013 tendrá 1.000 participantes de procesos de restitución bajo su cuidado, dos veces y media los que tiene hoy. Solo en lo que va de este año se han entregado medidas de protección a 50 reclamantes más. Panfletos y sufragios, algunos firmados por el Comando Central Antirrestitución, visitas amenazantes a las casas, mensajes de texto y recados vienen en aumento en varias de las regiones que la Unidad de Tierras ha priorizado para adelantar la restitución.

Pese a la prelación que se ha dado a atender a los reclamantes de tierras en riesgo, hay quejas por casos de lentitud en las medidas y dudas de hasta dónde son efectivas para proteger a personas que viven en zonas rurales apartadas y entornos donde un celular, un chaleco blindado y hasta una escolta armada no son a menudo las fórmulas más adecuadas.

SEMANA estuvo en el Cesar y pudo constatar allí la gravedad del problema. En muchos de los procesos de restitución en curso hay amenazados. Líderes con los que habló esta revista afirman que, además, son muchos los que han desistido de reclamar sus tierras por miedo.

Justo cuando salía la primera sentencia para devolver tierras despojadas en el departamento, en el predio El Toco,  uno de los líderes del proceso, Miguel Antonio Ricardo Serna debió huir del municipio de Codazzi por amenazas. “Aquí hay una cantidad de gente que estamos en el mismo problema”, dijo Pompilio Herrera, participante del proceso para recuperar el predio Mechoacán, en La Jagua de Ibirico. José Luis Peralta, que lidera a desplazados del poblado de Minas de Iracal, en Pueblo Bello, está amenazado, como lo está Sifredy Culma, desplazado de la finca Santa Fe, en Becerril, y muchos más.
En total, 51 reclamantes del Cesar están en la mira. A 44 se les pusieron medidas de protección. La mayoría de aquellos con los que habló SEMANA tiene un nivel de riesgo evaluado como extraordinario. La Defensoría del Pueblo local y otras organizaciones humanitarias han promovido tres reuniones de los reclamantes amenazados, la última de ellas, la semana pasada.

Muchos se quejan de lentitud en la implementación de las medidas de la UNP para protegerlos, de que les entregan vehículos con problemas mecánicos o avanteles en zonas sin cobertura y de que los pagos para auxilio de transporte se tardan mucho tiempo. La Defensoría, incluso, ofició a la Procuraduría, exponiendo estos problemas. En Bogotá, en la UNP aceptan que  esos líos se presentan, pero señalan que los reclamantes de tierras tienen una atención prioritaria e insisten en que la protección ha funcionado.

El Cesar es emblemático. Con 2.600 solicitudes para restituir 170.000 hectáreas de tierras, casi todas despojadas por los paramilitares del Bloque Norte de Jorge 40, el departamento es un crisol de los problemas que enfrenta la restitución. Aunque los paras se desmovilizaron, los mandos medios siguen activos y muchos terratenientes y políticos que los apoyaron conservan su influencia y su poder. Estos sectores y grupos sucesores de los paramilitares, como los Rastrojos, no solo estarían tras las amenazas sino que orquestan campañas para señalar como guerrilleros a los reclamantes de tierras o, en algunos casos, para montarles procesos judiciales que los hagan desistir.

El cuadro del Cesar dista de ser el único. Hace poco, siete congresistas estadounidenses le enviaron una carta al presidente Santos en la que manifestaban su preocupación por el crecimiento de las amenazas contra líderes del proceso de restitución de territorios colectivos en Curvaradó y Jiguamiandó, en Chocó, y contra la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, que los acompaña, diciendo que 45 personas están amenazadas (allí mataron a Manuel Ruiz y su hijo). Antioquia, donde 75 reclamantes tienen medidas de protección, Chocó, con 65, y Bolívar, con 49 encabezan la lista de los departamentos donde hay más líderes de tierras en riesgo.

Allí y en otras regiones, el patrón del Cesar se reproduce. El sustrato político y social que respaldó al fenómeno paramilitar nunca se afectó de manera irreversible y ahora asoma la cabeza, en entornos en los que nuevos y viejos grupos armados están dispuestos a proveer la ‘mano de obra’ para atacar la restitución y en los que la institucionalidad local es débil para defenderla. El ambicioso proyecto de restitución de tierras del gobierno enfrenta el gigantesco desafío no solo de proteger a sus participantes, sino de prevenir los ataques contra ellos y de investigar las amenazas en su contra. Más allá de los esfuerzos que se están haciendo en protección, estos son dos de los flancos débiles en la política oficial para lidiar con un reto que puede incendiar el campo colombiano si no se toman medidas de fondo.

viernes, enero 13

Comienza "EL REVOLCÓN" de la tierra en colombia.

N. del Editor:    El esperado momento del inicio de la aplicación de tierras y víctimas, comenzó ya. ¿habrá justicia? No sabemos. Con los mejores votos para que las personas afectadas por tantos años de violencia y despojo puedan ser resarcidos al menos en parte de las perdidas sufridas, vemos con gran esperanza la aplicación de esta ley.  Pero la sociedad debe estar muy atenta y vigilante de la transparencia de estos procesos, por que la corrupción ya se asoma por ahi.  


tomado de semana.com



"Más de 700.000 hectáreas han sido robadas con trampas y violencia": Santos

Según el presidente Juan Manuel Santos sectores violentos de la izquierda y la derecha son los enemigos de la restitución de tierras.
Archivo SemanaSegún el presidente Juan Manuel Santos sectores violentos de la izquierda y la derecha son los enemigos de la restitución de tierras.

RESTITUCIÓN
Con la entrega de 4.600 hectáreas en el municipio de Ayapel, Córdoba, el presidente Juan Manuel Santos dijo que se inició todo un cambio en la restitución de tierras. También advirtió que una mano negra quiere sabotear el proceso.

Jueves 12 Enero 2012

El presidente Juan Manuel Santos pidió a los organismos de seguridad y a entidades del Estado hacer acompañamiento a los campesinos que han recuperado tierras en el país, pues, según él, existe una “mano negra” que va a querer reapropiarse de esos terrenos.
“Esos enemigos agazapados, esos violentos, que van a querer sabotear como ya hemos visto, amedrentando a los campesinos que, con todo el derecho, quieren reclamar esa tierra que les quitaron”, subrayó Santos.
“Es esa mano negra de la izquierda y la derecha que va a querer sabotear”, dijo el presidente Santos luego de asegurar que hubo enemigos que se interpusieron en el Congreso a la restitución.
Para evitar que las tierras caigan en manos de los ilegales, Santos les pidió a los integrantes de la fuerza pública y al ministro de Justicia, Juan Carlos Esguerra, trabajar en llave para detectar y judicializar esos casos.
En la finca ‘Las Catas’, que fue propiedad de lugartenientes del extinto narcotraficante Pablo Escobar, el presidente dijo que esperan que esas tierras no vuelvan a manos de los violentos.
Tras calificar como un gran “desafío” institucional este proceso de entrega de tierras, Santos anunció que va a presentar ante el Congreso un proyecto de ley de desarrollo rural para identificar tierras productivas o en las que se puedan realizar proyectos medioambientales.
El mandatario también dijo que se puso una “vara muy alta”, pues quiere, al final de su Gobierno, entregar cerca de tres millones de hectáreas a campesinos, esto con la ayuda legal que le dio la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.
Hasta ahora por vía administrativa el gobierno de Santos ha entregado 800.000 hectáreas.

Casos de notarios

El presidente dio a conocer que cerca de 700.000 hectáreas han sido hurtadas con la ayuda de notarios en todo el país.
En uno de los casos se detectó que varios terrenos en Sopó (Cundinamarca) pasaron a manos de la captadora ilegal de dinero DMG tras una venta ficticia y una hipoteca. “Este es un tema no sólo de despojo, sino de lavado de activos”, resaltó el superintendente de Notariado y Registro, Jorge Enrique Vélez.
También dijo que en el municipio de San Luis (Antioquia) una persona se apropió de un bien baldío del Estado de 700 hectáreas y creció al punto de llegar a ocupar 37.000 hectáreas.
El superintendente también mencionó el caso de la frontera con Venezuela, en donde, según él, las FARC se han apropiado terrenos para luego venderlos como minifundios.



domingo, mayo 29

A PAGAR LA DEUDA HISTORICA

"Si logramos pasar esta ley, y cumplirla, en beneficio de todas nuestras víctimas, ¡si solo hacemos esto!, habrá valido la pena para mí ser Presidente de la República y para ustedes ser congresistas." Con estas contundentes palabras, Juan Manuel Santos radicó el pasado 27 de septiembre la ley de víctimas en el Congreso. 


Ocho meses después, la Casa de Nariño logró la aprobación de un marco legislativo que, sin exagerar, merece el apelativo de "histórico". La nueva Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que el Primer Mandatario aspira a sancionar con la presencia del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, cubrirá a unos 4 millones de colombianos cuyos derechos se vulneraron en el conflicto interno.

Debido a la magnitud de su impacto inmediato, la extensión del número de sus beneficiarios y su poderoso simbolismo, la aprobación de este proyecto significa el logro más trascendental del primer año de gobierno de Santos. Un acierto que desborda los límites de la agenda legislativa para influir en la política agraria y fiscal, y se constituye en primer paso del camino hacia un eventual intento de reconciliación y paz.

* * * *

Cuatro años le tomó al Congreso, y en especial a un entusiasta promotor, el senador liberal Juan Fernando Cristo, la discusión de un cuerpo normativo para reparar a los colombianos que habían sufrido daños a causa de la guerra. Ese accidentado trámite, que incluyó un dramático hundimiento de último minuto por cuenta de la coalición uribista, encontró en el gobierno Santos el aliado con el músculo suficiente para convertir el proyecto en realidad.

En los debates parlamentarios surgieron controversias que conforman un microcosmos de las diferentes interpretaciones ideológicas sobre el origen, la dinámica y el futuro de la violencia nacional.

Al bloque de origen liberal que impulsó una versión amplia del marco de reparación y restitución se contrapusieron las preocupaciones fiscales y conceptuales de los uribistas 'radicales', incluyendo su rechazo al reconocimiento de la existencia de un conflicto en Colombia.

En los últimos ocho meses se adicionó un componente vital, que multiplica la capacidad reparadora de la ley: la restitución de tierras. Con esta inclusión, aquella aborda sin aspavientos uno de los motores del conflicto armado en Colombia: el sistemático despojo y abandono de unos seis millones de hectáreas. Como lo afirmó el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, en Barrancabermeja, con ocasión del lanzamiento del Premio Nacional de Paz 2011, "la paz duradera pasa por la búsqueda de soluciones modernas y audaces a los conflictos agrarios del país".

La norma, que espera la conciliación para pasar a la firma presidencial, contiene una serie de instrumentos administrativos, jurídicos y fiscales para que los desplazados puedan reclamar, en cuestión de meses y no de años, sus predios perdidos. Asimismo, diseña una nueva institucionalidad desde la Presidencia de la República para comandar el ambicioso proceso de reparación.

* * * *

Por más complicado que haya sido el tránsito en el Legislativo, es justo decir que no se comparará con el inmenso desafío de su ejecución. Un primer reto está en el manejo de las grandes expectativas que la ley ha generado. Le corresponde al Gobierno proveer a los potenciales beneficiarios, que se calculan en millones, de montos, procedimientos y tiempos claros para la entrada en operación de las restituciones e indemnizaciones. Confusiones, falsas ilusiones y desorden administrativo son la antesala de la frustración colectiva.

El proceso de reglamentación, por ende, no solo debe realizarse de manera transparente, sino también con celeridad.

Incertidumbres que quedaron en el aire tras los debates, como el impacto fiscal de las reparaciones, deben ser resueltas rápidamente por la Casa de Nariño.

Dentro de las primeras tareas también se incluye la integración de las nuevas unidades administrativas, así como el fortalecimiento de las jurisdicciones agrarias, a cargo de tramitar las reclamaciones.

Otro factor de riesgo en la aplicación de esta legislación está en el uso proselitista de las víctimas en las elecciones regionales de octubre próximo. Las autoridades de vigilancia electoral y las organizaciones de observación necesitan prestar especial atención a las zonas donde los despojos fueron más extendidos.

Al mismo tiempo, la recién lanzada Política Integral de Seguridad deberá incluir en sus estrategias de protección a las asociaciones de víctimas y demás reclamantes de predios. Como ya ha sucedido, la violencia contra los líderes campesinos puede echar por la borda la legitimidad de este titánico esfuerzo institucional.

El presidente Santos tenía claro desde septiembre que no bastaba con pasar un articulado. Una implementación exitosa de la Ley de Víctimas no solo cimentará su legado como mandatario, sino que desatará una transformación en nuestro rasgado tejido social.

El regreso de cientos de miles de familias al campo y la posibilidad de reparar inmensos daños a otras tantas tendrán un impacto positivo que hoy es aún difícil de calcular. El pago de la deuda apenas comienza.

La ley de victimas y tierras en diez puntos

SEMANA resume y explica el ABC del nuevo estatuto, compuesto por 208 artículos agrupados en nueve capítulos, algunos de los cuales todavía deben ser conciliados entre Cámara y Senado.

Sábado 28 Mayo 2011       

1. El objetivo: dejar atrás las secuelas de la violencia 

El proyecto recoge la experiencia de varios países que han sido golpeados por conflictos internos, regímenes autoritarios y guerras civiles, en los que el Estado ha llevado a cabo planes ambiciosos para reparar a los afectados por la violencia. La idea central es, en palabras del presidente Juan Manuel Santos, "cicatrizar heridas del pasado". Esto es, voltear páginas violentas de tal manera que no se repitan, se desincentive la venganza y se creen condiciones para que las víctimas y sus allegados puedan llevar una vida digna sin estar marcados para siempre por las huellas del pasado. El texto recoge conceptos de otros países en los que se han implementado políticas para asegurar los derechos a la verdad, justicia y reparación de las víctimas de la violencia. Un principio clave que opera como columna vertebral es que los criterios para determinar los beneficiarios se fijan en el hecho de ser víctimas (los daños sufridos) y no en la naturaleza de los victimarios (no importa si fueron guerrilleros, paramilitares, agentes del Estado u otros).


2. Quiénes son víctimas 

Uno de los aspectos más debatidos en el Congreso fue cómo definir el universo de beneficiarios de la ley. Estarán cobijadas las personas que, en forma individual o colectiva, hayan sufrido daños como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional Humanitario (reglas adoptadas por la comunidad internacional para proteger a los civiles en casos de guerra) o a los derechos humanos. Con el fin de adoptar demarcaciones precisas, y después de un gran debate, el Congreso aprobó que serán consideradas víctimas del conflicto interno armado (el enfrentamiento entre la guerrilla, los paramilitares y el Estado) aquellas personas afectadas por hechos posteriores al primero de enero de 1985 (según la versión aprobada por el Senado, que incluiría a las víctimas de la Unión Patriótica) o al primero de enero de 1991 (de acuerdo al texto que pasó en la Cámara). La Comisión de Conciliación del Congreso deberá escoger -probablemente esta semana- una de las dos fechas. Se calcula que cuatro millones de colombianos serán resarcidos. La vigencia de la ley será de diez años.

3. Las víctimas recibirán dinero y/o reparación moral 

Los beneficios contemplados en la ley son de dos tipos. Uno es pecuniario: dinero, entregado por el Estado, según la misma tabla establecida en el Decreto 1290 de 2008, que estableció la reparación individual por vía administrativa. Allí se contemplan cuantías que oscilan entre 30 y 40 salarios mínimos (aproximadamente entre 15 y 20 millones de pesos). En la nueva ley de víctimas también se establecen otros mecanismos de reparación no pecuniaria, o simbólica, entre los cuales sobresalen: la celebración del Día Nacional de las Víctimas -el 10 de diciembre-, la creación de un programa de derechos humanos y memoria histórica, asistencia en salud, educación, ayuda humanitaria para los desplazados y un subsidio funerario para quienes mueren como consecuencia del conflicto armado. Las gabelas económicas solo cobijarán a las víctimas posteriores a la fecha que finalmente adopte la Comisión de Conciliación del Congreso. Las simbólicas favorecerán a todas, sin límite cronológico.

4. Se devolverán las tierras a los despojados 

Uno de los puntos más trascendentales de la ley de víctimas es la creación de una serie de instrumentos para que el Estado les devuelva las tierras a quienes se vieron obligados a abandonarlas como consecuencia del conflicto. Quienes fueron despojados o abandonaron sus tierras por la violencia, después del primero de enero de 1991, podrán reclamarlas a través de mecanismos judiciales más expeditos que los de la justicia ordinaria. Se calcula que actualmente hay tres millones de hectáreas que han sido despojadas a sus dueños legítimos.

5. Se crea un censo único de víctimas 

Las personas que consideran que cumplen las condiciones previstas en la ley de víctimas para recibir beneficios de reparación se inscribirán en un registro único. Este tendrá el nombre de Red Nacional de Información para la Atención y Reparación a las Víctimas. Incluirá a quienes ya están inscritos con base en normas anteriores y quienes se registren, de acuerdo con lo establecido en esta ley, en alcaldías municipales con acompañamiento de las personerías. Con el objetivo de facilitar el proceso, la acreditación de la condición de víctima tendrá un carácter 'sumario': expedito, en el que se presume la buena fe y no se tendría que probar el cumplimiento de las condiciones.

6. Se crea nueva institucionalidad para atención de víctimas

La ley prevé un amplio conjunto de instrumentos del Estado diseñados para su ejecución. Algunos de ellos son nuevos, y para otros se contempla la redefinición o reestructuración de despachos ya existentes. El Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a Víctimas estará conformado por todas las entidades públicas -nacionales, departamentales y municipales- encargadas de poner en marcha los planes y programas contemplados en esta ley. Su reglamentación, así como el diseño de un Plan Nacional, queda bajo la responsabilidad de un comité ejecutivo encabezado por el presidente de la República o su representante, los ministros del Interior, Hacienda y Agricultura, el Departamento Nacional de Planeación, la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Unidad Administrativa Especial para la Atención y Reparación Integral de las Víctimas. 

7. Nuevas entidades liderarán la ejecución de la ley 

Entre los nuevos organismos creados por la ley se destacan: (1) la Unidad Administrativa Especial para la Atención y Reparación de Víctimas, adscrita a la Presidencia de la República, con autonomía presupuestal y con el encargo de coordinar a las entidades que forman parte del Sistema Nacional. Responderá por la operación de la Red Nacional de Información; (2) la Unidad Administrativa de Tierras Despojadas, la cual respaldará ante los jueces y los tribunales los casos de restitución de tierras; (3) la Unidad Administrativa Especial de Gestión de Restitución de Tierras Despojadas, adscrita al Ministerio de Agricultura, diseñará el registro de terrenos que podrán ser materia de restitución según esta ley y, en general, será la encargada de ejecutar las normas que tienen por objeto el regreso de las tierras a sus dueños legítimos; (4) el Centro de Memoria Histórica, que centralizará y recolectará todas las funciones de preservación de la memoria y liderará la construcción de un museo. En el plazo de un año asumirá el trabajo que viene realizando la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR).

8. Inclusión de minorías étnicas 

La iniciativa contempla mecanismos extraordinarios para que los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes tengan derecho a los beneficios contemplados en la ley. También se crean mecanismos para que el Estado subsane la consulta previa que no se hizo para esta ley y que en caso de otros códigos han sido causal de que se declaren inexequibles. También se contemplan auxilios y apoyos para menores de edad afectados de diversas formas por el conflicto armado.

9. Se adoptan espacios de participación para las víctimas 

Así como el movimiento de víctimas desempeñó un papel fundamental en promover los debates públicos que condujeron a la ley, esta prevé espacios participativos en la ejecución y seguimiento de las nuevas normas. Será un deber del Estado proveer instrumentos en tal sentido. Se crea una comisión encargada de vigilar este punto, con presencia del procurador general, el defensor del Pueblo, el contralor y los representantes de las organizaciones de las víctimas.

10. Se evitará la repetición de las violaciones

La ley contempla disposiciones, inspiradas en normas de otros países, dirigidas a evitar que se repitan las violaciones a los derechos humanos contra las víctimas. Buscan darle sostenibilidad a la reparación y crear condiciones para la conciliación. Entre ellas figuran: programas de educación, derogatoria de leyes que permitan o facilitan la violación de derechos humanos y programas de participación del sector privado en proyectos como los que ya se han ensayado, por ejemplo, en El Salado, en los Montes de María.